La unidad real es lo primordial

Informe Político, Jaime Granda.- Pese a todo lo que digan los diputados locales, varios partidos, nacionales y extranjeros; algunos presidentes de países de América y Europa, y organismos internacionales, Nicolás Maduro ocupa el Palacio de Miraflores en Caracas como presidente de la República de Venezuela.

Los políticos, en su mayoría, están reaccionando frente a la realidad actual de Venezuela como muchos científicos ante la física cuántica.

El mundo está dividido frente a la situación venezolana y el pueblo venezolano no resuelve su crisis con la aceptación por una parte de ese mundo dividido, de Juan Guaidó como presidente encargado.

Los insultos de toda calaña que opositores despliegan en las redes sociales contra todo aquel que advierta ese pequeño detalle, no afectan a Maduro, afectan a la necesaria unidad de la oposición y a la necesidad de que esos opositores radicales hagan contacto con la realidad para que no sigan inventando estrategias y fabricando ilusiones o falsas expectativas.

Dentro de esa realidad hay que incluir que los opositores que se sienten inmaculados porque siempre han estado en contra del chavismo, son responsables de todas las estrategias equivocadas que han permitido que el poder nacional y parte del regional sigan en manos del chavismo desde hace 20 años.

Esa insensatez de no tolerar a aquellos que al principio estuvieron con el chavismo y rompieron con ese proyecto por diferentes razones, debe ser superada. En este momento esos no inmaculados son tan opositores como los demás y tienen mucho que aportar para un movimiento de masas cohesionado alrededor de una estrategia común para impedir que sigan destruyendo a Venezuela.

Esa unidad real con fines comunes bien consolidados es lo prioritario, es imprescindible, para no seguir cometiendo errores que incluyen los de 2002 y los de 2005, cuando llamando a la abstención dejaron todo el Poder Legislativo en manos del chavismo. Superado eso, no aprendieron la lección y volvieron a llamar a la abstención para las elecciones más recientes de gobernadores, alcaldes, presidenciales y de concejales. Esa es otra realidad que tampoco quieren asumir y prefieren sembrar odio contra aquellos que se los recuerden.

Tampoco aceptan a quienes les aconsejan que coloquen el tema electoral en segundo o tercer plano.

La nueva directiva de la Asamblea Nacional (AN) busca corregir errores ofreciendo amnistía para todos los funcionarios civiles y militares que se sumen al desconocimiento del actual presidente de la República.

Deberían comenzar por defender de la furia del grupo gobernante a todos los exfuncionarios que hoy son perseguidos por rechazar lo que en su momento calificaron como desviaciones de Nicolás Maduro y su grupo.

Deberían ir más allá y ofrecer a los altos mandos civiles y militares la posibilidad de ser parte de un gobierno de transición que pueda rescatar las instituciones básicas para unas elecciones transparentes y el comienzo de una nueva era en Venezuela.

Si los inmaculados que ahora están llamando a manifestar el 23 de enero no propician acercamientos verdaderos con los disidentes del chavismo y los disidentes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) pasarán mucho tiempo para lograr su consolidación y lo más seguro es que se desmoronen en el camino. Deberían evaluar que más ganan con un gobierno de transición con participación de factores chavistas y no chavistas que seguir despertando falsas expectativas. Partidos como el MAS, La Causa R, Avanzada Progresista, Patria Para Todos, el recién creado por Delsa Solórzano, y otros con pasado chavista o ligados al chavismo deben ser reconocidos y convocados a la lucha por un cambio en favor de las mayorías. Mientras la oposición siga dividida entre inmaculados y “contaminados”, Nicolás Maduro o cualquier otro apoyado por Rusia, China, Turquía, Cuba, México, Nicaragua y otros, seguirá en el poder. Sin unidad real en la oposición, no habrá “mesías”  que pueda hacer el milagro.

En cuanto a la convocatoria a que la gente salga el miércoles 23 de enero a repudiar al actual gobierno y a reclamar sus derechos, deberían evitar que puedan repetirse los errores del 11 de abril de 2002 y sus días inmediatos.

La hiperinflación

El miércoles 05 de diciembre de 2018 publicamos en la ahora temporalmente suspendida Revista Zeta la sección Panorama político con el título: Lavado de cerebro polarizado.

Planteamos que era otro idealismo que la AN aprobó exigir la suspensión inmediata del plan económico implementado por el Ejecutivo Nacional al concluir noviembre.

Eso fue el martes pasado y el economista y diputado José Guerra sentenció: “Si no paramos la hiperinflación, en febrero tendremos otro aumento de salario. Con la hiperinflación, debemos parar la devaluación del bolívar”.

Resulta que mientras los diputados resaltan el fracaso de las medidas económicas implementadas por el régimen nacional, que incluye el aumento del salario mínimo a 4.500 bolívares soberanos, los que manejan el Estado consiguen su objetivo de ganar otros 100 días en el poder. De agosto a noviembre consiguieron 100 días de gracia y el esquema seguirá funcionando hasta que la oposición entienda realmente la necesidad de unir esfuerzos y proyectos que impidan  lo que los asesores internacionales del régimen manejan muy bien. El lunes pasado se oficializó  que todo el cono monetario del bolívar fuerte  queda fuera de circulación. Dentro de 100 días pueden hacer lo mismo con el bolívar soberano y colocar otro cono con otro nombre vistoso. Hasta aquí la cita.

Ahora estamos a 19 de enero de 2019, es decir que esta vez el gobierno y sus asesores ganaron menos de 100 días porque la hiperinflación aceleró el paso durante las Navidades.

Pero confirmaron nuestra apreciación de que no hay interés inmediato en acabar con la hiperinflación. Desde esta semana el salario mínimo pasó a ser de 18 mil soberanos. La novedad es que el gobierno dejó que el valor cambiario oficial del dólar americano, aunque no quiere que esa divisa se mencione, ya superó mil soberanos y fueron legalizadas las transacciones en divisas extranjeras dentro del territorio venezolano.

Otro detalle importante es que el gobierno ha disminuido el populismo y comenzó a elevar el precio de las tarifas de servicios públicos como telefonía, electricidad y aseo urbano. Por esa senda es de esperarse que pronto autorice el aumento del valor de la gasolina que todavía es la más barata del mundo.

Nicolás Maduro prometió en agosto de 2018 que con el “Programa de Recuperación Económica” y la reconversión monetaria corregirían el rumbo de la economía, pero la gente lo que ha visto son tres incrementos salariales: uno de 1.800 bolívares, otro de 4.500 bolívares y el último de 18.000 bolívares, sin que ninguno alcance a la veloz hiperinflación, pero con este gobierno vendrán nuevos aumentos del salario mínimo, según la aceleración inflacionaria.

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

 

 

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