La oposición del silencio, de la complicidad

Dalia Gutiérrez,

Dalia Gutiérrez.- Podría resultar absurdo que una persona que se defina demócrata  tenga dudas acerca de votar o no en las próximas elecciones parlamentarias. Casi impensable. Sin embargo no es así. La decepción y el descontento de la población hacia muchos dirigentes de los partidos políticos de oposición, se mantiene con fuerza, en particular en los últimos dos años.

La sospecha, la duda, la desidia frente a la lucha por la democracia ha generado que hoy una parte de esa población que integra a sectores opuestos al gobierno, muestren su desacuerdo con la indiferencia expuesta por ellos frente a: la violación de los derechos humanos, agresión constante a la población estudiantil del país, detenciones ilegales, la falta de verdaderas políticas de seguridad hacia el ciudadano y otros aspectos no menos importantes que exigen la atención por parte del sector político adverso al gobierno, pero que lo mantienen en silencio.

Si bien una parte de la oposición no está de acuerdo en la manera en que se busca salir de este gobierno, que a todas luces no es democrático, hay otra parte que no se ocupa ni se preocupa en buscar alternativas para restituir la democracia, la paz y tranquilidad de la población. Pareciera que se benefician de la situación actual. Esos mismos que no exigen la libertad de los presos políticos, que no reclaman al Consejo Nacional Electoral (CNE) las condiciones idóneas ni la suficiente transparencia para ejercer el derecho al voto.

Esa parte que no busca salidas es la heredera de la vieja política, la que se acostumbró a no recibir oportunidades, y por lo tanto tampoco las ofrece a las nuevas generaciones, de ahí que veamos cómo se enquistan en altos cargos políticos, autonombrados, considerándose indispensables. Esos que son capaces de instalarse con personajes del gobierno en encuentros secretos sin el conocimiento de otros.

A través de ellos se hacen los diálogos (porque ellos sí creen en el diálogo) con un gobierno que no le interesa sino sus seguidores. Esa es la oposición del silencio. De la complicidad. Ese es el caso, por ejemplo de Julio Borges, presidente del partido Primero Justicia. Ahí nadie asciende, por eso encabeza la lista de los candidatos a las parlamentarias para el estado Miranda, pero quién lo eligió si en Miranda no hubo siquiera elecciones primarias para que él se midiera con otras opciones. Lo que sí hubo fue un acuerdo, un “consenso” entre ellos, los que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Otro ejemplo lo vemos con el señor Henry Ramos Allup, de Acción Democrática, cuyas exigencias al gobierno son casi inexistentes, también es de los que cree que puede controlar el partido, incluso más allá de su muerte. Hoy en día candidato de la MUD en el distrito capital, pero la pregunta es la misma: ¿Quién lo eligió?

Todos se han creído indispensables, nunca asumieron que Venezuela era y es otra, la gente es otra, todo evoluciona, pero ellos no, esos viejos políticos enquistados con sus egos debajo de la mano han impedido el desarrollo político del país.

Aunque tengan todas las posibilidades de ganar, como se evidencia a diario, tienen que entender que nada volverá a ser como antes. Desde 1999 el país es otro. El país cambió, su estructura cambió, por lo tanto los políticos deben ser otros y pensar en el país antes que en sus intereses partidistas.

AUTORA: Dalia Gutiérrez , periodista venezolana @jourdg

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