La ONU como teatro

Jaime Granda.-  Esta última semana de septiembre de 2018 deja mucho material para los estudiosos del comportamiento humano a lo largo de los siglos en función del poder en todo el mundo, especialmente en los 193 países con representación en la Organización de Naciones Unidas (ONU).

La ONU fue fundada el 24 de octubre de 1945 en la norteamericana ciudad de San Francisco por 51 países que al finalizar la II Guerra Mundial firmaron la Carta de las Naciones Unidas. Su sede actual es Nueva York y está estructurada en diversos órganos, de los cuales los principales son: Asamblea GeneralConsejo de SeguridadConsejo Económico y SocialSecretaría GeneralConsejo de Administración Fiduciaria y la Corte Internacional de Justicia. La sede europea (y segunda sede mundial) de la ONU se sitúa en GinebraSuiza.

La ONU cumplirá el miércoles 24 de octubre 73 años y su principal haber es que ha impedido una tercera guerra mundial, aunque no ha podido imponer la paz global ni que proliferen conflictos armados entre países con saldo de miles de muertos.

La ONU igualmente ha cumplido con su evento anual la Asamblea General que en esta 73ª edición ha acaparado la atención del mundo debido a temas latentes que amenazan con regresar a la polarización del mundo y que el lenguaje de las armas reemplace definitivamente a la diplomacia.

Lamentablemente, algunos participantes en la 73ª Asamblea General de la ONU confundieron el escenario con el de un teatro y desplegaron allí sus mejores dotes de comediantes, logrando arrancar algunas risas de los presentes, sin poder afianzar sus aliñadas versiones de lo que realmente son sus gestiones.

Querer imponer sus propias “fake news” al resto de los gobernantes del mundo se convirtió en la obsesión de algunos de los que hablaron con imágenes directas a todo el globo terráqueo.

En el caso específico del vocero de Venezuela, confirmó ante el mundo que sus decisiones están motivadas por estrechar la mano de personajes a los que admira sin importarle o cuidarse de mostrar sus propias debilidades. Tener que mentir para negar la grave migración venezolana, fue lo de menos.

La misma obsesión que mostró desde hace años hacia el dictador de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, la muestra ahora por la posibilidad de abrazarse con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. De Erdogan ya es amigo y la mejor señal es que las cajas de comida que casi regalan a los venezolanos llevan en su interior arroz, espaguetis y otros productos hechos en Turquía.

Inicialmente, el vocero venezolano no quería acudir a la ONU en Nueva York, pero cuando el día anterior Donald Trump asomó la posibilidad de darle la mano si eso ayudaba a Venezuela, decidió acudir sin confirmar las reales posibilidades de lo dicho por otro que no tiene mucho apego a la verdad.

La ganancia de esa actuación en la Asamblea General de la ONU es que por varias horas distrajo a su país con la falsa noticia de que estaba confirmada su reunión con el presidente norteamericano, aunque la Casa Blanca siempre lo negó. Mucha gente se olvidó de la denuncia en contra del vocero ante la Corte Internacional de Justicia por delitos que tarde o temprano tendrán castigo.

Por lo demás, lo más cercano a la verdad es que ese viaje a última hora a Nueva York muestra desespero, como dijo la abogada norteamericana nacionalizada venezolana por el chavismo Eva Golinger.

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

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