La clase política y sus carencias

Orlando Viera-Blanco.- La política es suma de voluntades, de ideales y sufrimientos. Su bisagra es la visión compartida y pactada del poder. Nuestra oposición tiene una visión democrática de país pero no una ruta compartida de clivaje. Sin embargo, ¿no contar con una oferta o solución convergente los hace irreconciliables? El problema son las bases no las paredes….

LA CLASE POLÍTICA

Me gusta apelar a Gaetano Mosca porque fue un senador vitalicio Italiano entre los siglos 19 y 20 que vivió la transición de las monarquías absolutas europeas a las limitadas y las ampliadas (Repúblicas), como las categorizó Montesquieu. Un político que tenia claro “que la sociedad era dominada por dirigentes quienes tenían que compartir su autoridad con otros líderes de minorías donde su influencia no era ni natural ni posible”. Fundamental.  

Mosca sugiere que “en los sistemas democráticos [una suerte de aristocracia de base ancha] deben construirse alianzas donde cada minoría quede representada y en línea del gobernante de masas”. Una de las principales deficiencias de nuestra oposición política es su dificultad de trato con las bases. No exageramos cuando decimos que después de cuatro devastadores lustros, aun la clase política de oposición [que debería tener preferencia arrolladora], no ha capitalizado el descontento de las clases populares por no conectar con un liderazgo originario. De tarima en tarima y megáfono en megáfono, no se agota la política. Hay que delegar y empoderar.

Gaetano Mosca predijo en su obra La Clase Política: “El hombre que está a la cabeza del Estado no podrá gobernar sin el apoyo de una clase numerosa para que sus órdenes sean seguidas y respetadas, y si él puede hacer sentir el peso de su potencia en uno, o al parecer, varios individuos de esa clase, no podrá desplazarla por completo, sin lo cual su acción estaría completamente paralizada”. Mutatis mutandi, el líder de oposición que busca el poder no podrá alcanzarlo si no edifica redes de representación en cada uno de los estratos, sectores o gremios de la sociedad. El descontento de las masas puede deponer al gobernante si en el seno de ellas [las masas] accede otra minoría organizada que desempeñe-le sea endosada-el oficio de la clase dirigente.

La carencia de una plataforma social instruida, delegada y coordinada es lo que impide cribar el mando que es poder de desplazamiento. No basta la convocatoria o el concentracionismo. Es la fuerza de las masas sufridas pero organizadas e inspiradas desde su epicentro, las que decretan quien se queda o quien se marcha. Así cayeron los imperios, el Galo, el turco, el Ruso, el Otomano o el hispano. Después los muros, las revoluciones, las dictaduras o las segregaciones. Lo que tenemos no llega a ladrillal…

El VANDALISMO HISTÓRICO

El discurso profético de Jorge Olavarría (5/7/99) fue brillante e histórico por premonitorio. Alertó sobre el peligro de avivar viejos fantasmas del pasado como el militarismo y el caudillismo vandálico. Aventura audaz y agorera que resucitaría las sombras de los taitas a caballo. Y eso fue Chávez. ¿Cómo contenerlo? En términos de masas lo logramos. El 11-A, la Reforma 2007; la victoria de Capriles 2014 y las parlamentarias 2015. ¿Qué nos faltó? Base. Pelotones. Regimientos populares. Y sin esa estructura el poder se desmorona. Eso fue la Coordinadora democrática. Eso fue la MUD. Un helicoide sin pilotes.

EL SÍNDROME UPATA

María Corina Machado comenzó su cruzada política defendiendo el derecho a elegir (SUMATE). Las trampas del CNE la llevaron a la convicción que no salimos por votos. Así llegó «la salida» 2014, alianza con Leopoldo López de arraigo juvenil, medio y corporativo, que no contó con redes populares, sindicales, comunales; campesinas, obreros, trabajadores informales, transportistas, cultores. Historia repetida en 2017. Y la resistencia masiva ciudadana quedó concentrada en viaductos a tiro de jarro por una tiranía sin escrúpulos. Un esquema ineficiente si acaso naive…(inocente)

Esa es la razón por la que María Corina o cualquier dirigente opositor es agredido y desplazado por hordas impunemente. Ellos tienen sus vándalos y nosotros carecemos de escuderos de base, cómo las hubo en Pretoria o Shaperville contra el Apartheid en Sudáfrica. La indignación no se propaga por Twitter sino en la calle con el pueblo.

 POLÍTICA, RETÓRICA y SUFRIMIENTO

 La salida a través de agentes internacionales es táctica y políticamente válida pero con un movimiento interno. Las mayorías no se consolidan en sondeos sino en estructura social organizada. La unidad no es retórica. Es operativa. Es compartir la potencia del liderazgo y el sufrimiento propio con aquellos líderes que llegan a quienes las élites no le pueden  llegar (G. Mosca). No basta una cara golpeada o una imagen ensangrentada. Quizás lo contrario: La solvencia moral y la pureza del que no se perturba.  

 Al decir de los Salmos, “tus ojos están cansados de sufrir, se han envejecido a causa de todos tus angustiadores, pero más se avergonzarán y se turbarán los enemigos de dios al verte…y se volverán de repente…” Retórica, política y sufrimiento suman pero no enganchan. Faltan los apóstoles que lleven la palabra y el sentimiento a los montes…

AUTOR: Orlando Viera-Blanco, asesor político y abogado venezolano @ovierablanco

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