Hay que rescatar el positivismo

Jaime Granda.- Este primero de diciembre de 2018, un grupo de sobrevivientes de la primera promoción del Liceo “Rafael Villavicencio” de Barquisimeto se reúne en un precioso lugar de montaña al sureste de la capital larense, cerca de Cabudare, con la firme intención de sobreponer lo positivo a la negatividad que invade nuestra querida patria.

Nuestro liceo fue creado por el presidente Rómulo Betancourt con la resolución N° 1769 del 31 de Agosto del 1960, publicada en la Gaceta Oficial N° 26.349, y entró  en funcionamiento el 1ero de Octubre de 1960. El ministro de Educación era el doctor Rafael Pizani.

Aunque se dice que tiene muchas carencias físicas, el liceo dispone ahora de vistoso portal digital y sigue cumpliendo su misión con las desviaciones propias de este ciclo.

Estas circunstancias reivindican los aportes de Rafael Villavicencio, nacido en Caracas el 12 de abril de 1838 y muerto en la misma capital el 28 de agosto de 1920.

Cursó la carrera de Medicina en la Universidad Central de Venezuela donde obtuvo el título de Doctor en Ciencias Médicas. En 1858, se doctoró también en Farmacia. Fue uno de los fundadores y director del periódico El Amigo del Progreso (1865). Médico Cirujano del Hospital Militar, acompañó al general José Tadeo Monagas como Médico Cirujano en Jefe del ejército “Azul” y como su médico particular.

Villavicencio fue Ministro de Fomento en 1870, fue Diputado, Senador al Congreso Nacional, cuya Presidencia ocupó en 1895 y Ministro de Instrucción Pública en 1897.

Junto con Adolfo Ernst, de quien fue discípulo, fue uno de los expositores y divulgadores en Venezuela de la teoría positivista del filósofo y matemático francés Augusto Comte. En términos generales, las directrices de Comte se referían a la posibilidad de descubrir leyes sociales, a la conexión con la metodología propia de las ciencias físicas y naturales y al principio de los tres estadios a través de cuyo transcurso se produciría el advenimiento del progreso definitivo de las sociedades.

Frente a Venezuela en crisis, el positivismo puede ser una salida porque consiste en no admitir como válidos científicamente otros conocimientos, sino los que proceden de la experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El positivismo es negación de todo ideal y eso fue utilizado para descalificarlo, además porque  desde muy joven Comte rechazó el catolicismo tradicional y las doctrinas monárquicas.

Muchas de las ideas de Comte fueron adaptadas y desarrolladas después por los filósofos sociales británicos John Stuart Mill y Herbert Spencer, y por el filósofo y físico austriaco Ernst Mach.

En todo caso, Comte se interesó por la reorganización de la vida social para el bien de la humanidad a través del conocimiento científico para controlar las fuerzas naturales. Dada la naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por “tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo”.

La virtud del  positivismo es su modestia. El saber positivo se atiene humildemente a las cosas; se queda ante ellas, sin intervenir, sin saltar por encima para lanzarse a falaces juegos de ideas; no pide causas, sino sólo leyes, y gracias a esa austeridad logra esas leyes; y las posee con precisión y con certeza. El positivismo puede ser la vacuna contra tanta falacia en el discurso político.

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

 

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