Hambre de poder priva sobre hambre del pueblo

Informe Político, Jaime Granda.- La situación política en Venezuela sigue en medio de muchas conjeturas, amenazas y promesas de lado y lado, sin que se vislumbre una salida inmediata que beneficie a millones de venezolanos, incluyendo a los que han tenido que emigrar buscando lo que no consiguen en su patria.

Es doloroso que el tiempo vaya dando la razón a los observadores internacionales que la semana pasada alertaron que el chavismo ha demostrado a lo largo de 20 años que sabe aguantar las embestidas de la oposición y aprovecha el conocimiento que ha acumulado sobre las debilidades de los grupos que lo rechazan y no han sabido manejar las circunstancias favorables que en varias oportunidades han conseguido.

Esta semana hay señales de que el gobierno chavista parece que controla las operaciones internas en su contra que, por primera vez, recibieron el apoyo de gran parte de la comunidad internacional, y pasó a la etapa de la contraofensiva que consiste en llevar a muchas comunidades del país comida a precios varias veces por debajo de los que ofrece el mercado, y llevar medicinas a los centros de salud, comenzando por los que más han sonado por deficiencias que ha costado la vida a niños y adultos.

Esa contraofensiva está en marcha, mientras los grupos que lograron acumular insumos médicos en la frontera con Colombia a través de la ayuda humanitaria siguen sin poder hacer que ingrese a Venezuela. La promesa más reciente es que eso será el próximo sábado 23 de febrero, con o sin autorización del gobierno chavista, aunque hay contradicciones entre voceros norteamericanos y voceros venezolanos.

Plan a largo plazo

Frente a lo que ocurre esta semana, algunas fuentes ligadas al chavismo y a la oposición asomaron que el chavismo le agarró tempranamente el pulso a un plan de largo plazo comenzado por la agrupación política opositora que dispone de la mejor plataforma tecnológica de comunicación.

Indicaron esas fuentes que todo comenzó con la costosa campaña para inducir a las masas contrarías al gobierno de Nicolás Maduro para que no acudieran a las urnas electorales el 20 de mayo de 2018. En esos comicios el principal abanderado de la oposición fue Henri Falcón, ex alcalde de Barquisimeto y ex gobernador del estado Lara, un militar que incursionó en la política con la llegada de Hugo Chávez al poder y luego se separó del chavismo.

El grupo preparó todo  contando que en 2019 asumiría la presidencia de la Asamblea Nacional y lanzaría una ofensiva alegando que las elecciones del 20 de mayo de 2018 fueron ilegales por la alta abstención y otras irregularidades que los observadores internacionales no habrían denunciado porque todos estaban de acuerdo con el gobierno venezolano. Los observadores muestran que el dirigente de esa tolda que encabezaría la ofensiva en 2019 era el diputado Freddy Guevara, quien comenzó muy temprano las acciones de calle y terminó fuera de juego, además de ofrecer datos del plan a los espías extranjeros que asesoran al gobierno venezolano.

La debacle de Guevara catapultó a Juan Guaidó, quien mediante otra costosa campaña en las redes sociales y los medios tradicionales de comunicación, fue muy bien acogido por las desesperadas masas, cada día más ansiosas de acabar con el régimen chavista.

Como en otras ocasiones, los promotores de las protestas hicieron creer a las masas que el desenlace sería cuestión de pocos días por la presión internacional y el creciente  aislamiento económico del chavismo.

Pese a todo ese apoyo internacional a los contrarios del chavismo y la acumulación de enormes cantidades de insumos médicos y alimenticios a través de la ayuda humanitaria internacional, todavía no está claro el desenlace político en Venezuela.

El gobierno se defiende en los organismos internacionales y resalta la politización de la ayuda humanitaria, mientras por su lado alivia la escasez de medicinas y alimentos, como se ha dicho. Además, el gobierno corrige errores en la actividad económica que han colocado al dólar paralelo en algo sin mucho sostén.

El gobierno y sus aliados sacan provecho al detalle que lanzan algunos observadores de que si ese grupo prefirió imponer la abstención en las elecciones presidenciales favoreciendo a Nicolás Maduro para que asegurara su reelección en la espera  que el manejo político  del parlamento estuviera en sus manos para reiniciar sus ataques, es señal clara de que no les importa el hambre que están pasando millones de personas. Hay quienes alertan que lamentablemente, ese es el comportamiento típico de nuestros grupos políticos, incluido el chavismo, porque en la política de este país petrolero, el hambre de poder priva sobre el hambre del pueblo. Eso domina incluso en el comportamiento de algunos empresarios.

Quienes asomaron todo lo relacionado con el plan a largo plazo  agregaron que no es casualidad que esta semana haya aflorado el viejo dilema de la doble nacionalidad de Nicolás Maduro que lo inhabilita para ser presidente de Venezuela.

Sobre esa situación hay denuncias nacionales y si realmente se quisiera sacar del poder a Maduro la oposición debería insistir en ese detalle y no dar plazo a que la situación llegara a tanto.

Lo que circuló esta semana en las redes sociales es parte de un libro donde se cuenta que el diputado de AD Salom Mesa Espinoza, electo en 1963 cuando Raúl Leoni ganó la presidencia, ayudo al arubano Nicolás Maduro García a que pudiera traer a sus hijos nacidos en Colombia y a su mujer colombiana para nacionalizarlos.

El 20 de marzo de 2014 el diario norteamericano El Nuevo Herald publicó los resultados de una investigación realizada en Colombia por el diputado venezolano Walter Márquez en la que se concluyó que Nicolás Maduro Moros nació en Bogotá y que los agentes cubanos que se movían en ese país con facilidades del gobierno de entonces habían arrancado las páginas del registro de nacimientos correspondiente. Eso debería profundizarse ahora que en Colombia el presidente Iván Duque es contrario al proyecto socialista cubano que ha penetrado a varios países de América Latina.

Ante este panorama, lo que se avizora también se ha dicho. Serán las potencias extranjeras con intereses en Venezuela las que acuerden la suerte de Nicolás Maduro. Los venezolanos deben asumir que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, Habla mucho y hace poco. Todo indica que está descartada una intervención militar norteamericana en Venezuela por las consecuencias que traería. Hay quienes agregan que todas esas amenazas de Trump ayudan al gobierno de Maduro a seguir con la misma historia cubana de la intervención del imperio yanqui que impide  el mejor desempeño de las autoridades locales.

En cuanto al fin de la crisis venezolana hay que anotar que el proceso pasa por salir de Maduro aunque eso no signifique el exterminio del chavismo. Suponiendo que venga un gobierno den transición con elementos de ambos grupos y  militares, ese gobierno tendrá que hacer reformas al sistema electoral. Luego vendrá la pelea interna de la oposición y de los chavistas porque el hambre de poder divide a unos y otros por la candidatura presidencial. Todo eso es un proceso de varios meses, si es llevado de mutuo acuerdo dentro del gobierno de transición y respetando las pautas que impongan las potencias extranjeras que al final de cuentas están financiando a los bandos en  batalla.

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

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