En Venezuela solo abunda la desconfianza

Informe Político, Jaime Granda.- La desconfianza general parece ser lo único que abunda en la Venezuela de 2018 y por eso pocos creen en lo que ofrece el Gobierno  y lo que ofrece la oposición. Una cosa es lo que dicen los voceros de uno y otro bando y otra es la realidad que sufren las mayorías.

Los manuales definen al escepticismo como la actitud de desconfianza o duda que se manifiesta ante la verdad o la eficacia de algo.

Escepticismo es también el nombre de una corriente de pensamiento filosófico según la cual debemos dudar de todas las cosas, fenómenos y hechos, y que afirma que la verdad no existe, pero que, de existir, el hombre sería incapaz de conocerla.

Pero hay que incluir que escepticismo también puede ser cierta propensión pesimista, consistente en ver las cosas de un modo siempre desfavorable.

De todo eso hay en esta viña del señor llamada Venezuela que de país receptor de millones de dólares diarios por su petróleo, ha sido convertida en país de carencias de todo lo básico por un equipo de gobierno que persiste en mantenerse en el poder prometiendo resolver lo que ha complicado en cinco años de gestión.

Todo eso ocurre en medio de protestas vecinales por falta de electricidad, agua, transporte, seguridad ciudadana, dinero efectivo y protestas gremiales por mejores sueldos y condiciones de trabajo.

El sector salud lleva más de un mes luchando por mejores condiciones en los centros de atención pública donde miles de pacientes se complican y mueren por falta de medicinas, falta de agua y pulcritud en los hospitales y hasta por fallas eléctricas cuando están siendo operados.

Todos los servicios públicos van de mal en peor y ya no hay comida ni en los cuarteles mientras el ministro de la Defensa pide a las tropas mucho optimismo y confianza en sus cúpulas gobernantes. Los trabajadores de electricidad, telefonía, transporte, educación, petróleo, siderúrgico, alcaldías y gobernaciones se suman a la protesta por mejoras salariales y muchos se han ido al exterior y otros preparan sus maletas.

Medidas y dudas

Frente a todo ese panorama, el Gobierno decidió eliminar los delitos cambiarios y así lo aprobó la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con  la finalidad de permitir el libre flujo de la inversión que necesita el país“.

La Comisión de Finanzas de la reconocida internacionalmente Asamblea Nacional (AN) señaló el viernes que la derogación de la ley de ilícitos cambiarios, aprobada por la ANC, no desmonta el control de cambio que rige en el país desde 2003.

Empresarios y economistas también advirtieron que ni la reconversión monetaria que regirá desde el 20 de agosto con la eliminación de cinco ceros al actual cono monetario ni esa derogación del régimen de ilícitos cambiarios resuelve la puntual hiperinflación desatada por los errores de la política económica de la cúpula gubernamental.

El Gobierno también trata de resolver el problema del transporte público, pero  su anuncio de otro censo y la pronta revisión del precio de la gasolina, considerada la más barata del mundo, ha desatado mares de críticas. Se dice que van como siete censos de transportistas, pero la causa de la reducción de la flota en más de 80% no ha sido atacada como es el encarecimiento semanal de los precios de cauchos, demás repuestos y todo lo que tiene que ver con el mantenimiento de los vehículos. La desidia gubernamental también tiene en la ruina al Metro de Caracas.

Con el esperado aumento del precio de la gasolina el Gobierno dijo que solo tendrán acceso a las estaciones de servicio los que posean el Carnet de la Patria, lo que se interpreta como un esfuerzo de controlar la venta del combustible porque no hay para todos.

Eso es similar a la propuesta del Gobierno a los bancos para que suban al 100% las transferencias bancarias, lo que se interpreta como admisión de que no hay billetes para todo los usuarios. Lo peor es que las deficiencias del sistema de Internet no ayudan a las operaciones en puntos de venta. La falta de efectivo y los problemas con tarjetas de débito tienen a miles de jubilados y pensionados sin acceso a los 8 millones 400 mil bolívares que les depositaron hace dos semanas.

Tras bastidores

 El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el principal y casi único en la plataforma de Gobierno Nacional, despertó muchas expectativas con su IV Congreso iniciado la semana pasada. Anunciaron que impedirían que el actual Jefe del Poder Ejecutivo siguiera siendo presidente del partido para poder hacerle las críticas necesarias para que mejore su gestión. Igualmente dijeron que exigirían a la cúpula gubernamental la eliminación del control de cambio y atacar la hiperinflación. Sin embargo todo sigue igual.

Militantes de base y dirigentes medios se quejaron por la poca participación que tuvieron en las decisiones del evento. Analistas políticos aseguran que las fisuras y el descontento se taparon con la repartición de cuotas de poder en el gobierno y dentro del partido.

La mayoría de los 670 delegados que se dice asistieron al IV Congreso del PSUV en Caracas fueron traídos del interior del país y algunos contaron detalles precisos sobre la realidad del evento, nada parecido a lo que los voceros del partido contaron a los medios de comunicación.

Lo primero que destacan es que no fue un evento de una organización política en la cual los delegados podían hablar de todos los temas que dominan la rutina de todos los venezolanos.

El congreso se convirtió en un evento con disciplina militar en la que las doce mesas que funcionaron en el salón Bicentenario del hotel Alba Caracas, el expropiado Hotel Caracas Hilton, cada una tenía al mando a una especie de general, un dirigente nacional del partido que imponía lo que se podía decir y censuraba todo lo demás. No hubo debate ni creen que habrá con el resto de la militancia.

Los principales temas sobre la crisis en Venezuela fueron vetados y no hubo realmente una discusión para mejorar.  Se prohibió hablar de hiperinflación, escasez de comida y medicinas, de inseguridad, corrupción y otros tantos que causaron estallidos de irascibilidad en los “comandantes” de las mesas. Cuando se supo que la decisión era mantener a las mismas autoridades del partido, en contra de lo que se dijo sería planteado, los trabajadores del hotel molestos dejaron el salón en la oscuridad. Algunos delegados agarraron sus maletas y se fueron.

Lo peor –cuentan algunos participantes- era la diferencia entre los líderes nacionales que mandaban en las mesas y el resto de los delegados. Los líderes nacionales lucían ropa costosa, importada y recién adquirida. Los delegados regionales vestían zapatos rotos, pantalones súper gastados al igual que las camisas. Hay una diferencia inmensa entre la cúpula y el resto, aunque los delegados regionales son los jefes en cada rincón del país.

A la hora de comer, hubo trifulcas en las colas porque muchos se coleaban, tal vez acosados por el hambre.

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

 

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