El presidencialismo y otras “chupetas”

Jaime Granda. Cada día va quedando claro que varios gobiernos de América Latina responden a un proyecto internacional que lleva 60 años acumulando logros, gracias a programas de manipulación de sus ingenuos habitantes.

Esos programas sirven por igual para la dirigencia que se dice opositora a esos gobiernos promovidos por potencias extranjeras que han sembrado odio contra el capitalismo, el imperialismo norteamericano, el liberalismo y contra todo aquel que tenga intenciones realmente democráticas.

Esos programas han determinado muy bien qué necesidades privan entre sus víctimas para ofrecerles alivios a sus males. A los más afectados por la escasez de alimentos les ofrecen una bolsa con productos cuyos precios en el mercado activo los convierten en inalcanzables para quien solo recibe un salario mínimo mensual. Eso incluye otras prebendas como viviendas y bonos millonarios en una moneda totalmente devaluada frente a las divisas dominantes en el resto del mundo.

Para los políticos que, se supone, tienen resueltos los problemas económicos, esos programas ofrecen otras “chupetas”, entre ellas el poder casi omnipotente de quien llegue a presidente de la nación, es decir el presidencialismo, la reelección inmediata e indefinida, además del uso personal de los recursos del Estado y otras desviaciones de poder que terminan siendo parte de la rutina.

En el caso venezolano, no se puede descartar, como han dicho informados ex ministros chavistas, que algunos dirigentes de oposición hayan recibido prebendas en el negocio petrolero.

Todo eso pone en evidencia que en estos países no importa quien ocupa el cargo de presidente de la nación, sino qué está detrás del escogido. No importa su preparación ni su trayectoria política, sino la aprobación de las potencias extranjeras que manejan el destino de esas naciones.

Volviendo al caso específico de Venezuela, hay que tener muy en cuenta que el presidencialismo, la reelección indefinida y todas las desviaciones del poder sin que haya un órgano de justicia que lo impida, son secuelas de aquel episodio en el cual los principales partidos de oposición se abstuvieron de participar en elecciones parlamentarias y el chavismo se apoderó totalmente de la Asamblea Nacional y desde allí se eliminó en la práctica la autonomía de todos los poderes públicos.

Partiendo de ese hecho, luce muy grotesco que esos mismos partidos repitan su error en las elecciones presidenciales y de Consejos Legislativos del pasado 20 de mayo.

Igualmente es grotesco que desde esos partidos políticos se descalifique totalmente a quienes defienden la vía electoral como la prioridad y se descalifique un sistema que en otros comicios permitió victorias a opositores.

Solo el odio inculcado a oficialistas y opositores a través de los planificados métodos promovidos por las potencias extranjeras puede justificar que se insulte a los gobernadores que sirven de garantía para que liberen presos políticos.

Eso plantea que hay que dejar bien claro ante el pueblo, quién es más vendido al gobierno. Quién ayuda más al gobierno, los que lo enfrentan electoralmente o los que le dejan la vía electoral libre para que siga en el poder, ahora con la excelente excusa de la abstención opositora.

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

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