El chavismo es culpa de la oposición

Jaime Granda.- La actual crisis venezolana es grave y lo peor es que el mundo parece no entender lo que realmente ocurre entre los meridianos 60° y 73° y entre 1° y 12° de latitud norte.

Hay una lucha por el poder entre dos grupos, pero las confusiones abundan porque ambos justifican sus aparentes diferencias citando la misma Constitución Nacional y un supuesto afán de construir una Venezuela mejor.

Ambos bandos insisten en demostrar su poder de movilización de pueblo, mientras la crisis aumenta, especialmente los precios de los insumos básicos de alimentación y salud.

Asumiendo que no hay mal que por bien no venga, debemos comenzar por precisar cómo llegó al poder lo que ahora conocemos como “Chavismo” y cómo ha sido posible que durante 20 años haya destruido lo que desde 1958 se construyó en nombre de la democracia.

Es hora de precisar cuáles son y dónde están los errores que permitieron que un grupo de improvisados se apoderara del Estado venezolano, aunque la improvisación es la tónica en una república que sigue como provisional desde 1830 cuando tuvo su primera Constitución y su nombre oficial era  Estado de Venezuela. En 1856 tuvo su segunda Constitución y cambió a República de Venezuela. En 1864 volvió a cambiar su Constitución y pasó a denominarse Estados Unidos de Venezuela. Esa historia de cambios de Constitución y de nombre oficial no ha parado y así hemos llegado a 2019.

El abogado Allan Brewer-Carías levantó durante el gobierno de Rafael Caldera un informe profundo para la reforma del Estado,  que fue boicoteado en el Congreso de la República. Luego, durante el gobierno de Jaime Lusinchi fue creada la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre), que sufrió el mismo desdén de los partidos políticos que ahora insisten en acusar a los chavistas como los únicos culpables de la desgracia nacional.

Cada grupo político debe asumir que el chavismo es consecuencia de los errores cometidos por lo que hoy es oposición.

Brewer-Carías advirtió que Juan Vicente Gómez centralizó políticamente el país. Gómez crea un ejército nacional que le permitió eliminar a los caudillos regionales. Todavía hoy, nuestra Hacienda Pública  responde a principios de esa reforma administrativa de 1918.

El abogado considera que sería un engaño decir que los partidos han entendido la necesidad de la descentralización, y la necesidad de crear un nuevo federalismo. Los propios partidos se deben descentralizar, para que los secretarios estadales no sean agentes de los secretarios nacionales. En la administración del Estado debe prevalecer el nivel académico sobre la fidelidad partidista.

Aclaró que el presidencialismo no es un signo ni tampoco la fuente del centralismo, pero si un sistema además de centralizado es presidencialista, el presidente es todopoderoso.

Explicó que el proyecto político de 1958 fue implantar la democracia y sostenerla. Frente a ese objetivo, la atención de los gobiernos no fue el mejoramiento de la administración pública. El manejo de todo el proceso político a nivel central descompuso el país. En la administración pública sigue imperando el viejo sistema del botín, eso no cambió con la democracia. Asumir el gobierno sigue siendo posesionarse del botín.

Queda claro que mientras no cambiemos el presidencialismo y el centralismo, Venezuela seguirá en el círculo vicioso de amar y odiar a cada presidente

AUTOR: Jaime Granda es periodista venezolano y publica su columna semanal Agenda Abierta en el diario El Nuevo País. @jajogra

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