Periodistas tienen que jugar un papel impostergable en crisis de Venezuela

Foto:SIP

Pedro Durán Maestre.- Venezuela se nos está muriendo y no tiene dónde caerse muerta de tristeza, de pobreza, aunque aún con una gran esperanza encendida en el corazón patrio. Venezuela, se nos está muriendo en la calle, en la falta de los hospitales, en la falta de medicinas, en el casi centenar de jóvenes asesinados por la dictadura.

Agréguele a todo esto, amigo periodista el caso de los trescientos setenta y seis (376) reporteros agredidos, a la fecha de hoy, cifra denunciada en titulares por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), durante los ochenta y seis (86) días que ya duran las protestas sociales en nuestro país y que se están transformando en estallido social, en alzamiento colectivo, en irrupción masiva frente a este nuevo plan pro-cubano de la constituyente comunal.

A estas alturas pareciera, a falta de puentes de diálogo, que ya no hay marcha atrás.

La calle habla por sí sola día tras día. La gente, el pueblo, la ciudadanía, se queja día a día.

Las condiciones están dadas para un gran enfrentamiento, para una guerra civil que nosotros no queremos. La Venezuela democrática, ya no aguanta más.

El gobierno perdió al país. El país no tiene gobierno.

En suma, éste es un régimen sin ciudadanía, sin legitimidad, sin argumento, sin recursos que le permitan convencernos de que quiere cambiar de rumbo. Insiste en el error. Cree en el abismo.

El Gobierno no tiene calle ya que hace tiempo la perdió; ejerce su poder desmedido sin instituciones, sin legitimidad, sin ideas, sin propuestas de salida. El Gobierno hipotecó nuestra soberanía y tiene secuestrada la esperanza.

Lo único que le queda, su rastrero recurso, es la impudicia de los asesinatos. Allí radica su fuerza que es bruta, ciega, sorda y muda, como la justicia comprada y vendida, como el poder eunuco que no preña de esperanzas ni de horizonte a nadie, como la mayoría de los medios de comunicación que no comunican, que engañan o callan, que se autocensuran, que se compran, que se venden.

Frente a la situación descrita el cambio está a la vuelta de la esquina. El cambio es la realidad y se anuncia en tres posibles escenarios:

  1. Como implosión o guerra;
  2. Fracaso de la dictadura con todas las decisiones que ésta victoria nuestra, la de los demócratas implicarían y cuya hoja de ruta tiene como prioridad la de poner al desnudo y sacar del juego al proyecto constituyente, dictatorial y opresivo de Maduro, de Cuba y su combo.
  3. Como victoria de la libertad, de la democracia, del respeto de los Derechos Humanos que son brújulas para la orientación.

En conclusión, ante la situación espeluznante que se vive en Venezuela los periodistas tienen que jugar un papel impostergable, crucial, yo diría que casi que de cruz, en su responsabilidad existencial. Ser o no ser.

A falta de una dirigencia política de oposición, sólida y unitaria que finalmente asuma su rol, a sobra de un poder corrompido y corruptor, a escasez y doblez de organismos internacionales resteados con la democracia y con el dolor de la gente, a exceso de gobiernos chupa sangre, que se hacen de la vista gorda a cambio de barriles de petróleo u otros beneficios inauditables, los medios de comunicación y los comunicadores son casi que el único bastión que queda de dignidad en representación de la ciudadanía para la crítica, para la radiografía de los males y para el descubrimiento de responsabilidades de esa maldad que nos carcome y también para la alerta, para la guía, para la información veraz, válida y valerosa, para la reconstrucción de la esperanza y del bien en el país.

Yo creo que éste es un momento histórico para el periodismo venezolano, en el que la defensa de la libertad, la democracia, el respeto a los derechos humanos, dentro de los cuáles destaca la libertad de expresión que ustedes comunicadores representan, debe ser bandera orientadora de lucha, de esfuerzo y sacrificio ciudadano.

Aún confiamos hoy más que nunca en la responsabilidad del periodismo, pero no como abstracción, sino como ancla diaria, alimento constante de hombres y mujeres que sufren el destino oprobioso que impone el gobierno corrupto y que no debe seguir imponiendo su infamia en tierra de Bolívar.

Ustedes con nosotros, nosotros con ustedes.

Muchas gracias,

Pedro Durán

AUTOR: Pedro Durán Maestre es un economista venezolano radicado en Puerto Ordaz.

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